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Cómo decide un motor de asignación qué coche va a cada servicio

Equipo CUBIO2 de marzo de 20263 min lectura

Un motor de asignación decide qué coche cubre cada servicio comparando a la vez, para toda la flota, lo que una persona solo puede comparar de uno en uno: dónde está cada vehículo, cuánta jornada le queda a su conductor y si el tipo de coche encaja con lo que pide el servicio. Son tres criterios aplicados sin cansancio y sin favoritismos, nada más.

Posición: el coche más cercano no siempre es el bueno

El primer criterio es el evidente. Para una recogida en la T4 de Madrid a las 16:20, el candidato natural es el coche que anda por Barajas, no el que está en Alcorcón. Pero la posición no se mira solo hacia el servicio de ahora, sino hacia el de después: a veces conviene mandar un coche algo más lejano porque su siguiente servicio lo deja mejor colocado, mientras que el cercano haría el trayecto de vuelta vacío. Ese cálculo de segunda derivada es justo el que se escapa cuando se asigna con prisa.

Jornada restante: el criterio que evita problemas serios

De poco sirve el coche perfecto si a su conductor le quedan 40 minutos de jornada y el servicio dura hora y media. El registro de jornada es obligatorio en este sector, y una asignación que lo ignora fabrica dos problemas por el precio de uno: un servicio que acaba mal y un exceso de jornada que queda escrito. Un motor que conoce la jornada en vivo (en CUBIO se registra mientras ocurre, con sus inicios, pausas y avisos) descarta a ese conductor sin drama, y el planificador humano ni siquiera llega a plantearse la tentación.

Tipo de vehículo: que el servicio quepa

Seis pasajeros con equipaje de esquí no entran en una berlina, y el cliente corporativo que contrató clase ejecutiva espera clase ejecutiva. El tercer criterio filtra por capacidad y categoría antes de mirar nada más. Es el más fácil de automatizar y, curiosamente, el que más se falla de cabeza en temporada alta, cuando todos los coches parecen libres y ninguno lo está.

El techo de asignar de memoria

Hasta ocho o diez coches, un buen jefe de tráfico asigna de cabeza y suele hacerlo bien. A partir de ahí, el número de combinaciones crece más rápido que la atención de nadie, y las decisiones empiezan a apoyarse en atajos que no se confiesan en voz alta: el conductor que nunca protesta, el coche que se tiene más presente, la ruta de siempre. A las 8:00 el resultado es decente; a las 19:30, con el día torcido y tres cambios encima, ya no. Lo contábamos entre las claves para optimizar una flota: la asignación manual no falla por incompetencia, falla por volumen.

Y los días no se están quietos. Un vuelo que llega 50 minutos tarde (hablamos de ello en el transfer que sigue tu vuelo), una cancelación de última hora o un coche que se va al taller obligan a recalcular en caliente lo que costó una hora planificar en frío. Ahí es donde el motor marca más diferencia, porque recalcula la enésima asignación del día igual de bien que la primera.

Las reglas las pones tú

El miedo habitual es perder el control, y es un miedo razonable apuntando en la dirección equivocada. En CUBIO las reglas del motor son tuyas: qué se prioriza, qué vehículos quedan reservados a según qué contratos, qué cliente delicado va siempre con determinado conductor. El motor se limita a aplicar tu política en todas las asignaciones, incluidas las de las siete de la tarde, que es cuando más falta hace.

Y el resultado se revisa a ojo. La vista de montaje de CUBIO enseña cada vehículo como una columna y cada servicio como un bloque, con lo que puedes mirar la propuesta, mover un bloque a mano si sabes algo que el sistema no sabe, y quedarte siempre con la última palabra.

Asignar bien es de esas cosas que no lucen cuando salen y arden cuando fallan. Si estás en el rango donde la cabeza ya no da, mira cómo lo planteamos para flotas VTC o cuéntanos tu caso en cubio.io/contacto.

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